Thursday, June 15, 2006

Un poema en la soledad de un Río




Reflejos de piedra

Aprendí que no todo era un juego.
La rabia entre las calles y la soledad en
las avenidas
calcinaron las manos de los transeúntes
escondidos por la niebla.
Se marcharon del cielo las palomas.
La indiferencia los empujó a vivir bajo la tierra
y ser
el vidrio de un corazón en pedazos.
Estaban ciegos
y bebían la tristeza de sus dedos.
Estaban dormidos sobre sus sueños
alejados de sus cuerpos que caminaban hacia el trabajo
a firmar su propia renuncia
y volcarse a la soledad de caminar por la ciudad
y tener la cabeza agachada, tristemente
agachada por los suelos.

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